LA ENVIDIA

Era un día como tantos otros. El frutero abrió con ímpetu la puerta de la tienda. Entró y atónito se quedó. ¿Qué había pasado? se preguntaba, mirando desolado el caos que se había originado en el interior de su frutería.

La fruta estaba esparcida y desparramada por el suelo. Aún pudo escuchar con asombro el sonido de las pipas en el interior de las calabazas.

Todo ocurría por la noche…

Las frutas rivalizaban entre ellas. Se podía decir que hubo una batalla suculenta. En aquella frutería…  ¡la envidia no se notaba, se mascaba!

Empezaré contando que las ESCAROLAS, ocupaban mucho espacio. Tenían un lugar privilegiado en el mostrador principal. Eran el centro de todas las miradas.

En cambio, las ENDIBIAS, bien aplastadas, se amontonaban en bandejas dentro de la nevera, compartiendo el frío con otras, incluso caducadas. ¡Qué envidia tenía la ENDIBIA!

Los TOMATES DE PERA, y los colgados, despotricaban de los turgentes KUMATO, los despreciaban, y los KUMATO, envidiaban a los ROSADOS, y éstos a su vez, tenían envidia de la juventud y dinamismo de los CHERRY, recién llegados.

Las FRESAS, tan delicadas ellas con su piel tan grabada, no soportaban a las CIRUELAS, con su piel tersa, fresca y alisada.

Las PERAS, llenas de manchurrones, miraban con envidia a los aterciopelados MELOCOTONES.

Los NABOS, querían ser esbeltos como las ZANAHORIAS.

Las MANDARINAS agrias, querían ser dulces y grandes como las NARANJAS.

Las COLES, con sus hojas apretujadas, envidiaban a las ACELGAS, porque éstas vivían muy sueltas y liberadas.

Las UVAS, tan desprotegidas ellas a los golpes, envidiaban al PLÁTANO resguardado en su estuche, y a la dureza y capas de la CEBOLLA…

Y la cadena seguía y seguía…

Las frutas autóctonas, defendían sus fronteras, despreciando y haciendo frente, a las que venían de fuera.

¡Ninguna de ellas se libraba de ser envidiada o de tener envidia!

Las frutas envidiadas, sólo tenían tiempo para ellas. Desde la cúpula se creían representantes de la élite del producto. Mientras que, a las frutas envidiosas, ya no les importaba ni su propia apariencia. Siempre pendientes de las otras están. A ver si alguien arremete contra ellas, o atisban algún fallo o tara que las haga despreciar. Y, ¡cuán equivocadas estaban todas! Ignoran que, cada día que transcurre después de ser arrancadas, pierden vida y lucidez.

A eso de la medianoche la envidia les alteraba la FRUCTOSA.

 Las vitaminas A B y C, estallaban en el interior. Los cascabullos y corazones latían sin remisión.

¡¡Comenzaba la batalla!!

¡Uf!, qué difícil para el frutero organizar su negocio. Regentar la frutería en armonía, ¡Ese era su gran reto! Por lo que decidió poner fin a semejante desbarajuste.

Estuvo tres semanas cerrada la tienda, cuyo nombre era:

            DISFRUTA DE LA FRUTA

Hasta que de nuevo abrió la puerta del negocio, que pasó a llamarse:

         WWW. LA FRUTA DE ANTAÑO LIBRE DE DAÑO

Frascos, latas, cajas, conservas y envoltorios, todo ello, ordenado en estanterías.

¡Fuera problemas!

Ni una fruta viva, sin gusanos ni mosquitos, todo sano y sin sulfitos.

Las VERDURAS en “Tetrabrik”, machacadas, en puré, licuadas, en zumo y en pasta también. Ni las CALABAZAS en su interior, removían las pipas en su tripa.

Los MELONES sin pepitas, sin pepitas las SANDIAS, las MANZANAS en compota y los MELOCOTONES sin hueso ni piel.

Todo ello rebujado, cortado, envasado al vacío y protegido.

Desde ahora ¡¡ Así será vendido!!

Las CEBOLLAS y sus mil capas, en cápsulas comprimidas. Ya no provocan llanto, ni olor, ni flatulencias ni ardor.

Los PIMIENTOS, bien molidos, en un frasco diminuto sin aditivos. Y los MORRONES, echando lágrimas de fuego, pasaron sin compasión todos por el mortero, para acabar en bolsitas de infusión.

Las reinas ESCAROLAS, en su tiempo las más envidiadas, ¡había que verlas ahora!

Troceadas, en una bolsita transparente, sin glutamato ni excipientes, y según el etiquetado “Respetando al medio ambiente”.

Engarzados y cubiertos de líquido amarillo, permanecían dentro del bote, los tristes PEPINILLOS. Los RÁBANOS, sin color y troceados, se venden como complemento de platos precocinados.

Hasta los caracoles, que vivían en el corazón de las LECHUGAS, pasaron a ser conserva, sin gluten ni lactosa, bañados en SOJA y otras vegetales leches, apretujados en una lata y con sabor a escabeche.

Los TOMATES paliduchos, blandengues y deprimidos pasaron al “tetrabrik gourmet”, con etiquetas de gran colorido.

Y cada envoltorio, frasco o paquete, no sabe en realidad lo que en su interior contiene. No desea nada del otro. La ignorancia y la paz inundan el local.

Ya no se ven ni conviven como antes, pero… ¡se acabó la envidia en la frutería!, que era lo que su dueño consideraba importante.

¡¡Que difícil lo tendría Eva para darle un mordisco a la MANZANA!!

¡Hum!… ¿he dicho… MANZANA?

¡¡¡BENDITA ENVIDIA SANA!!!

Y COLORORIN COLORADO ESTA HISTORIAZA SE HA ACABADO

LA ENVIDIA
Una HISTORIAZA escrita por Eugenia ROJAS desde Barcelona
Alba Sinchanclas. (julio 2020) La Dulcinea, Barcelona

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