LA PATATA, MADRE DE LAS BOMBAS

Para mí, hablar de BOMBAS es ir a la Barceloneta y tomar una ración con una buena cerveza. Bombas hacen en muchos sitios y cada uno tiene su estilo, su sabor, sus seguidores y detractores, pero para mí ningunas como las de LA BOMBETA original. El otro lugar donde las he comido muy buenas es en casa de mi hijo en Helsinki. Ellos han hecho en alguna ocasión un Restaurante de calle y les han quedado muy buenas y han tenido mucho éxito.

Pero esto es una introducción, yo no quiero hablar de BOMBAS, quiero hablar del producto que es su base y con el que se hacen, la patata que sería la madre.

Desde que Colón la trajo de América, la patata ha sido base de alimentación para muchos pueblos. Un tubérculo, el extremo de una raíz subterránea que crece al acumular almidón y agua, algo tan simple y lo que puede dar de sí.

Por ser un producto que me gusta mucho, he leído algo de su historia. En el mundo se conocen más de 5000 variedades, solo en Perú se conocen más de 3000 y en España más de 100, ¿pero cuantas de ellas conocemos los consumidores? Pues imagino que la mayoría de nosotros conocemos las tres o cuatro que suelen tener en los supermercados. Los más atrevidos, que vamos al mercado a comprar las patatas en las paradas especializadas conocemos más clases y sus diferentes usos. También las podemos conocer por ser las más cosechadas en la zona donde vivimos, o por su fama al tener una denominación de origen.

Recuerdo que cuando era pequeña mi padre tenía un huerto y entre esto y la matanza del cerdo, teníamos el sustento para todo el año. Las patatas se recogían un par de veces al año. Las primeras en primavera (mayo/junio) que eran unas patatas no muy grandes y se podían consumir con la piel porque la tenían muy fina. De estas las más pequeñitas se freían enteras o se cocían y se guardaban calentitas en un puchero al lado del fuego. Cuando tenía hambre sólo tenia que meter la mano y coger unas cuantas bolitas, abrirlas con la mano, poner unos granitos de sal gorda y comerlas. Lo recuerdo como un manjar y un placer infinito.

Las segundas se recogían cuando empezaba el otoño (septiembre/octubre) y eran las que se usaban todo el invierno. Eran patatas más gordas, con la piel más gruesa y con más tierra porque habían estado más tiempo enterradas. Las conservábamos entre paja y separadas entre sí para que no se pudrieran. De allí iban saliendo para el uso diario. Las últimas por cierto bien arrugadas, supongo que de ahí la expresión “más arrugado que una patata”.

No sé decir qué clase o clases de patatas se sembraban en casa, pero sí recuerdo bien, por haberlo hecho muchas veces, cómo se siembran y como se recogen. En aquella época se sembraban patatas viejas que tuviesen tallo u ojos, por donde el tallo crece, partidas de tal manera que todas las partes tuvieran algunos de ellos. Mi trabajo era ir delante y colocar los trozos en un lado del caballón para que mi padre o hermana los tapara de tierra con la azada. Cuando había que recogerlas, mi trabajo era ir detrás de ellos que las iban sacando con la azada y meterlas en una espuerta o capazo para trasladarlas al lugar de almacenamiento.

Personalmente amo las patatas, si tuviese que elegir un alimento para subsistir serían estas. Me gustan de todas las maneras, hervidas, asadas, fritas, estofadas, guisadas, en tapas…

La que más me gusta es la clase Mona Lisa porque se puede usar de todas las maneras y tiene una carne muy suave y gustosa que me transporta al cielo. Quien puede resistirse a unas bravas bien hechas o un pulpo con su base de patatas o unas bombas o unas palomillas…

Un estofado, un hervido, un filete…, sin unas patatas guisadas, hervidas, fritas o asadas no serían lo que son. Espero que no me falten nunca.

Y COLORORIN COLORADO ESTA HISTORIAZA SE HA ACABADO

LA PATATA, MADRE DE LAS BOMBAS 
Otra HISTORIAZA escrita por la madre de SinChanclas desde Barcelona
Alba Sinchanclas. (2020) Bombas, Barcelona

 

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