Vidas perras

VIDAS PERRAS

En Chacahua nos encontramos, bebiendo cerveza Corona con limoncito, debajo de una palapa frente al mar. Hay una brisa semifresca y esperamos que la doña Luisa nos deleite con una tlayuda de pulpo recién sacado del mar. Pobre pulpo, pero es que está muy rico. Delicioso. Mientras esperamos vamos a invertir nuestro tiempo a relatar nuestras reflexiones/pensamientos motivados por la epístola de Melchor Ocampo (ver siguiente post!)  junto con la influencia de una jauría de perros chacahuense.

Ayer, en nuestro paseo matutino por las playas de Chacahua fuimos acompañadas por uno, dos , tres, el hijo…. Cinco perros! Mentira, cuatro perros y una perra. Mentira otra vez, cuatro perros babosos y una perra en celo. Esa perra se arrimaba a nosotras, se metía entre nuestras piernas en busca de quién sabe qué. ¿Protección? Afecto? No, protección. ¿Protección de qué? De los perros que la acosaban. Había uno, blanco y marrón, fibroso, que parecía ser el líder, el macho alfa. No dejaba que los otros perros se acercaran a la hembra, les ladraba o se armaba la podrida.

¡Pobre perra! Pensamos nosotras. ¿Qué querrá ella? ¿Se estará sintiendo acosada? Bien? A gusto? Mal? Nosotras, por empatía y por feminismo, interpretamos que no, que se sentía mal y que requería de nuestra ayuda. Por eso la acompañamos durante kilómetros y la defendimos de sus agresores. Antes de reposar bajo una palapa presenciamos una pelea entre canes bien brava: el macho alfa defendía su lugar frente a otro de los machos. Imposible separarlos. Sangre, baba, adrenalina, gruñidos infinitos. Cuando por fin se separan, el otro macho resulta ser el vencedor y nuevo macho alfa. Los papeles cambian. Ensangrentado y dolido ostenta su nuevo estatus.

En medio de toda esa excitación no fuimos meras observadoras sino que hicimos lo que estaba a nuestro alcance para separarlos: tiramos palos, arena, piedras, cocos…para terminar semejante carnicería. La perra, observaba inmune a la situación y permaneció a nuestro lado. Cansadas ya de tanto andar decidimos reposar. Los machos habían entendido que no eran bienvenidos y la sombra de la palapa era solo para nosotras. Dos de los machos desistieron y se fueron. Los otros dos, poco a poco se acercaban a nosotras buscando a la hembra ( y quizá la sombra). Al cabo del rato, molestadas por los jejenes, decidimos irnos. Ahora solo nos seguían dos machos. El ganador y uno que parecía un hijo o un primo de la perra en cuestión.

A mitad de camino de vuelta se fueron. Felices los tres.

Como mujeres feministas que somos, interpretamos ese acto como un acto de machismo puro y duro. Extrapolado a la raza humana lo sería pero, lo es realmente en la raza perruna? Tienen ellos conciencia del género o actúan simplemente por instinto? Porqué ella buscaba refugio en nosotras? Lo prentendía realmente o era una forma de pasar el rato para finalmente evitar lo inevitable?

Más tarde, antes de la puesta de sol, vimos a los perros fornicando en la playa. Para que tanto espectáculo si finalmente iban a emparejar? Estaba eligiendo ella?

En todo caso nos hemos hecho varias preguntas.

¿Está el ser humano macho impregnado de ese instinto? En caso afrimativo, justifica ese instinto las acciones de algunas personas o sociedades? Cuándo apareció el machismo y porqué? Se puede hablar de machismo en el mundo animal no humano?

Los humanos se jactan de su raciocinio y aparentemente es eso mismo lo que los hace diferentes de las otras especies animales. ¿Lo son?

No hemos podido realmente llegar a ninguna conclusión. El ser humano es paradoxal, complejo y misterioso. ¿Está en nuestra naturaleza tener una vida de perros? Unos dirán que sí, otros que no. Nosotras pensamos que no. El machismo debe desaparecer de la especie humana. Pensemos, empaticemos y seamos respetuosos. Podemos elegir actuar diferente, y muchas veces no lo hacemos. Es más fácil vivir en la ignorancia, sin tener conciencia plena. Homo sapiens, no es un azar.

Informaciones prácticas:

Para llegar a Chacahua desde Ciudad de México se debe tomar un avión -o un autobús- hasta Puerto Escondido (entre MX$500-2000), después hay que salir del aeropuerto para tomar un taxi en la carretera federal que lleve hasta la terminal de autobuses que van hasta Chacagua (que no cuesta más de MX$30). No es la ADO, son compañías privadas que tienen combis que llegan hasta Zapotalito (por ejemplo la compañía TUR, pero hay otras opciones). El precio de la buseta es MX$50 por persona. Luego, llegando a Zapotalito, hay que tomar en la misma carretera federal un taxi-colectivo que por $MEX 20 te lleva al embarcadero de Zapotalito. Cuidado. Especificar que sea Taxi-Colectivo a $MEX 15 la carrera porque hay opciones mas caras.

Llegando al embarcadero de Zapotalito, preguntar por las lanchas colectivo que por $MEX35, te acercan hasta el embarcadero más cercano de la Villa de Tututepec de Melchor Ocampo. La villa super famosa por su laguna verde bioluminiscente. Allí, por otros $MEX 35 se debe tomar un camión para atravesar un empedrado sinuoso lleno de cactáceas, para finalmente llegar a la playa de Chacahua. El costo total desde Puerto Escondido por persona es de MX$135.

Una vez llegado a Chacahua, existen varias opciones de cabañas para quedarse y dormir-también es válido traerse su propia tienda de campaña-. Nosotras elegimos las Cabañas Darios por MX$150, cama doble, con baño compartido. La propietaria de estas palapas es Luisa, una gran cocinera que prepara, como ya se mencionó, unas exquisitas tlayudas de pulpo. Su hijo, Luis Miguel, regenta un bar justo encima de estas palapas llamado la Jaiba mordedora. Allí podrán pasar el rato una vez caída la noche y también por MX$ 100 por persona podrá llevarles a conocer la bahía biolumniniscente. Otro lugar recomendable para comer es la posadita de Bertita situada justo enfrente del lugar donde sale la camioneta para el embarcadero. Esta noche probaremos las pizzas artesanales cocidas al horno de leña de la única pizzería del lugar (justo al lado de palapas Dario).

Ahora si les dejamos reposar. Buenas noches o buenos días.

 

Alba Sinchanclas&Celi Boluda

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